Amar a María

Hoy quiero hablarles de un tema que, creo, jamás he tocado en este desatendido blog. El amor a María. Y es que va a ser día de las Madres en México y para quienes crecimos en un contexto cristiano católico, la celebración incluye, además de a nuestras madres, abuelas, tías y figuras maternas terrenales, a la que percibimos como nuestra madre del cielo.

El amor y la devoción a la Madre María es una característica del cristiano católico tan fuerte que incluso genera algunos conflictos con otros cristianos de denominación no católica. Algunos de estos últimos juzgan nuestra devoción como idolatría y aquí me gustaría aclarar una cosita: los católicos, para bien o para mal, entendemos de jerarquías. No es que creamos que María nos va a salvar o la amemos más que al Dios Padre, al Dios Hijo o al Espíritu Santo. Es que creemos en su intercesión y en su compasión maternal.

Hablando en términos más terrenales, quizás para quienes crecimos en estas sociedades patriarcales violentas, nos es más fácil relacionar el concepto de amor misericordioso con una figura femenina que con una masculina. Hay quien dice que la experiencia que tenemos de la Divinidad, está marcada por nuestra relación con nuestros padres; siguiendo esta premisa te hago la siguiente pregunta, ¿cuántos padres (hombres) amables, pacientes y amorosos conoces? Espero que muchos; yo conozco a varios pero tristemente no son mayoría. Con tan sólo recordar el altísimo porcentaje de madres solteras y por consiguiente, de niños que crecen bajo la sombra del abandono paterno, podemos darnos una idea de qué tan fácil o difícil es conectar con la idea de un Dios Padre amoroso. Nos dicen que Dios Padre nos cuida, pero muchos padres terrenales evaden sus paternidades y no ejercen una participación activa en la crianza y el cuidado de los hijos; si en este plano ellos son los representantes de Dios Padre, muy buena publicidad no le hacen.

Hace un par de años, un niño muy cercano y querido me decía que Dios o no existía o tenía que ser alguien malo, porque permitía tanta injusticia y pobreza en Venezuela. ¿Cómo le hablas de un Dios amoroso y presente a un niño de siete años, cuyo padre se ha desentendido casi por completo de él? Sí claro, hay miles de argumentos teológicos para hacerlo, comenzando por el del libre albedrío y el hecho de que el ser humano es imperfecto y se equivoca, pero repito SIETE AÑOS. Explícale eso a un niño de siete años y espera a que te comprenda y cambie de opinión. Es su experiencia y su dolor contra tu creencia y tus teorías.

Por supuesto, no vamos a culpar a Dios ni a la Santísima Trinidad, ni a Alá ni a Buddha de que la cultura machista exima a los padres de relacionarse de forma directa y profunda con sus hijos y por otra parte designe a las madres como las principales responsables de los cuidados, las atenciones y el desarrollo emocional de los niños. Pero entendiendo este contexto, no me sorprende nada que los Mexicanos adoremos y nos conectemos de manera especial con María. Ella, como madre, intercede por nosotros ante un Dios Padre y un Dios Hijo que sin duda amamos pero con quienes quizás nos cuesta un poco más relacionarnos, tal y como mi mamá negociaba con mi papá para que me dejara ir a la fiesta del fin de semana mientras yo hacía berrinche en mi cuarto después de discutir con él.

Yo tuve la fortuna de tener a un padre maravilloso que hizo todo lo que estaba en sus manos (y lo que la cultura machista en la que creció le permitió) para ser un buen padre, no era perfecto y estaba muy lejos de ser un santo, pero para mí fue lo mejor y agradezco a mi Padre del Cielo por el tiempo que lo tuve en mi vida. Y así como amarlo a él no me hace amar menos a mi madre, también sé que puedo amar a María sin dejar de amar a mi Padre del Cielo o a Su Hijo.

Pero además soy mujer, nací mujer y me identifico como tal. Me apasiona la historia y la literatura femeninas, leer e investigar sobre aquellos tiempos antiguos, antiquísimos en los que en las sociedades matrilineales previas al sistema patriarcal, se veneraba de forma generalizada a la Diosa Madre en las distintas civilizaciones humanas que poblaban la tierra hace miles de años, figura que fue evolucionando y eventualmente fue desplazada por deidades masculinas como Zeús, Osiris etc. No encuentro conflicto porque entiendo el mundo como una ensalada de fenómenos meteorológicos, sociales, evolutivos y culturales que nos ha traído a este punto. Para mí, Dios es mucho más grande y universal que un nombre o dos géneros. Si en la antigüedad se le percibía como mujer y hoy en día (al menos en las religiones monoteístas) mayoritariamente como hombre, la historia tiene una explicación lógica, así es, ya está. Demasiadas guerras se han librado en el mundo por conflictos religiosos como para que yo arme una más en mi cabeza.

La figura de María prevalece en el cristianismo, ya sea por su analogía con la Diosa Madre de la antigüedad, por cuestiones histórico-sociales o simplemente porque para millones de seres humanos es la Madre de Dios, y yo, que nací en un contexto determinado, formo parte de esos millones. Así que disculpen que me ría si alguien viene a decirme que Jesús se va a enojar conmigo por amar a su madre.

Mi madre me enseñó a amar a María. No sólo con su ejemplo de devoción, fortaleza y fe, sino a través de el amor que recibo de ella como hija. Ese amor tangible, presente e incuestionable. A su vez, mi madre aprendió a amar a María a través de mi abuela y mi abuela de su madre. Amar a María es un legado que me conecta a las mujeres de mi familia y a mi propia identidad.

Hace unos meses mientras visitaba México, mi mamá me enseñó una canción en Youtube, y me dijo, le recordaba a mí porque la canción está en italiano (y yo algún tiempo estuve obsesionada con ese idioma). La canción se llama La Voce di María (la voz de María), y yo al escucharla tuve que hacer un enorme esfuerzo por no soltar el llanto como Magdalena, porque la composición es hermosa, te enchina la piel, un himno de amor a nuestra Madre del cielo.

Este Día de las Madres, mi regalo para mi mamá y para mi María, es esa hermosa canción adaptada al español. Hice todo lo que pude por respetar la letra original lo más posible y apegarme a su esencia cuando la traducía; la parte más difícil para mí fue dejar de llorar mientras la reescribía y la grababa, porque de verdad me toca el corazón y el alma. La obra original es autoría de Roberta Torresi y Paolo Bisonni. Para esta versión, mi hermana Esli y yo hicimos las voces. El arreglo musical es de nuestro querido Juan Carlos Parra.

Y así una vez más, amar a mi madre es amar a María, y amar a María es amar a Jesús.

PD: Antes de criticar o cuestionar alguna de las posturas religiosas que expreso en este post, recuerda que si de religión se trata, ni tus creencias ni las mías pueden ser comprobadas científicamente, así que discutir al respecto sería una empresa infructífera en la que no pienso invertir mi tiempo (y creo que tú tampoco deberías de invertir el tuyo).

One Comment

  • Kenich

    Qué alegría me da leer de tu fe, que aunque podría ser más fuerte y mejor formada, es firme, pero sobretodo, caritativa para explicar.

    Llegué a ti buscando cómo hacer masa madre, masa para piza, y ahora estoy encantado (e interesado) en tu libro, máxime ahora que leo sobre tu fe.

    En tiempos de zombis de censura, corrección política y anticristianismo, me sorprende el valor que tienes de escribir una pequeña apología de la Santísima Virgen. No por nada dijo Nuestro Señor: «Si Mi reino fuese de este mundo, mis servidores pelearían por mí para que no fuera entregado…»

    Ya sé que nadie me lo pidió, sin embargo, me gustaría añadir una pizca a tan delicioso escrito, no porque sea desabrido sino para darle un toque nuevo:

    Para quien lo lea, Jesús, Nuestro Señor, es Dios. La beatísima María es Madre de Jesús, ergo, María Santísima es Madre de Dios, que no es su creadora ni está por arriba de Él. Su intercesión no es más que lo que menciona San Pablo en 1Tim 2: 1-5, donde dice que a Dios le gusta que pidamos, oremos e intercedamos por otros.

    Esta dulcísima intercesión es el cálido abrazo y consuelo de una madre ante un padre igualmente amoroso, que por firme «hágase» ha conseguido, grato, el favor de Dios.

    Triste por ese pequeñín que lleva en los labios la paradoja de Epicuro. Debe saber que el sufrimiento de Venezuela no es culpa de Dios sino de sus gobernantes, de la imperfección del hombre y su naturaleza caída, que han preferido tenerlo todo a costa de su gente, contrario a la virtud cristiana donde atendemos al prójimo en un acto de Caridad como si atendiésemos a Jesucristo mismo.

    Dios no es malo. Malo es quien lo ha cambiado por riquezas, por los genitales de una mujer (o muchas), por un vicio, apego, carga emocional o sentimental como una renuncia, no a sí mismo sino a Dios.

    Tristemente, de acuerdo a la Enciclopedia de las Guerras, sabemos que sólo el 6.98% se debe a una causa religiosa, y las mayores atrocidades se han realizado en el nombre del ateísmo o entronando a un mortal que quiere ser dios.

    Sí podríamos culpar Mahoma y Alá o a Buda, incluso a Zéus por el machismo; Mahoma creció gracias al pillaje, el asalto y la violación, forzó un matrimonio con una niña de cuatro años, y para el Corán, además de que sólo alguien con dinero puede casarse, para quien muere en suicidio por Alá (generalmente lavados del coco y urgidos), se les promete la carnal recompensa de varias (72 aunque no es oficial la cifra) mujeres con vaginas estrechas y senos como peras. Para el budismo lo peor que existe es la mujer, porque gracias a ella existimos y sufrimos en esta ilusión, y es por eso que debemos hacer yoga y pintar mandalas y romper el mal karma y aspirar a renacer en hombre, o sacrificar, ritual (o verdaderamente) a una mujer para romper con el ciclo, absorber su femineidad, y ser verdaderamente plenos… Sí, así lo dicen el dhammapada, el mismo Dalai Lama y los escritos canónicos budistas. Zéus era un mujeriego, difícilmente con dominio de sí mismo y víctima del placer hedonista a costa de las mujeres, al grado de la violación… Y así podríamos seguir con todas las deidades excepto por la Única, el Dios Trino y Uno, cuya Segunda Persona, Dios Hijo, devuelve la dignidad a la mujer para dejar de ser un objeto, y no por nada, después de Dios, la Santísima Virgen, coronada de estrellas, le sigue en hermosura y poder; o vayamos a casos como Santa Isabel La Católica, la reina más poderosa jamás existida; Santa Juana de Arco, guerrera, quien dio fin a la Guerra de los 100 años; tantas abadesas, doctoras de la Iglesia como Santa Hildegarda, Santa Teresa, etcétera… Sin duda, el tesoro más grande de la Iglesia es la Sagrada Liturgia, en donde vemos que lo más sagrado se tapa con un velo, motivo por el cual en el Uso Antiguo (como la Misa Tradicional) las mujeres siguen usando velo, pues son, después de Dios, lo que más tenemos por sagrado.

    Perdona el texto innecesario y entrometido. Tantos temas apasionantes y además necesarios de aclarar en la actualidad.

    Espero que la dama de la ansiedad sea reemplazada con la Santísima Virgen y sus consuelos.
    Dios te bendiga.

    Ah, y gracias por hacernos fácil y alcanzable a tantos poco aptos esa deliciosa tarea de poder preparar tantos platillos dignos de una corte regia.

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